Hue, Hoi an y Danang, el corazón de Vietnam

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Podemos definir Danang, Hue y Hoi An como el mismísimo corazón de Vietnam, no sólo por su localización en el centro del país sino también porque ofrece una riqueza llena de matices que agranda el espectáculo que supone visitar a Vietnam.

Hue y Hoi Han forman junto con Da Nang un triángulo de oro en mitad de Vietnam. Nosotros aterrizamos en Danang procedentes de Hanoi después de visitar la capital y Halong Bay.

Danang, Hue i Hoi An están separadas por las magníficas montañas Hai Van  que están rodeadas de nubes, un increíble recorrido que atrae a miles de motoristas cada año para disfrutar de las preciosas vistas y una de las carreteras más místicas que te puede ofrecer el país asiático.

Recuerdo que nuestro trayecto fue un poco accidentado, nada más llegar a Hue decidimos ir a la central de autobuses en taxi ya que no está en absoluto cerca. Allá tomamos una furgoneta (esta vez oficial) de transporte como usan los vietnamitas y la verdad es que se hicieron un poco pesadas las 4 horas de recorrido entre Danang i Hue, ya que primero visitaríamos Hue y luego Hoi An para luego a tomar un vuelo para Saigón o Ciudad de Ho Chi Minh como la prefieran llamar.

El caso es que nosotros nos montamos en la furgoneta y no acababa de arrancar, iba paseándose por todo Danang y recogía cada vez a más y más gente, parecía imposible que pudieran caber tantas personas dentro y nosotros al final de todo empezábamos a pensar que no íbamos a llegar nunca a nuestro destino. Cuando nos dimos cuenta llevábamos allá como una hora dando vueltas por Danang sin arrancar del todo y finalmente cuando estaba completamente llena y no cabía ni un alfiler dentro del vehículo tomó la autopista para cruzar las montañas nubosas.

El caso es que a servidor le vinieron unas ganas irrefrenables de orinar y no sabía que hacer, esa furgoneta estaba llena de vietnamitas que no hablaban ni jota de inglés y tenía que hacer detener el vehículo.Tuve que abrirme hueco pasando por encima de unos cuantos vietnamitas para llegar a la zona del conductor y les tuve que casi suplicar entre señas que detuvieran el vehículo que tenía que orinar si o si. Así que el vehículo se detuvo entre las risas y estupefacción de algunos de los presentes y ya me veis en saliendo descalzo por la carretera mientras asustada, Susana pensaba que iban a marcharse con ella dentro, la imagen fue entre cómica y ridícula. Finalmente todo salió bien y nuestro amigo el conductor no me dejó allá tirado, pudimos seguir el largo viaje en furgoneta hacía Hoi an. 🙂

Cuando finalmente llegamos la calor era insoportable, conseguimos llegar al hotel exhaustos y allá encontramos un maravilloso recibimiento después de un largo trayecto tanto en avión como luego en carretera. Allá decidimos que para el siguiente día íbamos a contratar un conductor propio para movernos por Hue y que nos trasladara a Hoi An al día siguiente. Estabamos a mitad de nuestro viaje y estábamos empezando a notar los síntomas del cansancio así que decidimos darnos todas las comodidades posibles.  Dedicamos la tarde para ver el Palacio Imperial de Hue. Esta ciudad, fue la capital de Vietnam durante el siglo XIX hasta 1945 y residió el emperador bajo el control del Imperio Francés. Por ello podemos ver vestigios de su grandeza, ya que acogía la corte imperial y todo el séquito de funcionarios y personal que ello conlleva.

La ciudad prohibida de Hue, no tiene nada que envidiar a la de Pekín. Te puedes peder a lo largo y lo ancho del recinto, hay incluso pequeños trenes que realizan un recorrido por el lugar. Allí puedes pasar toda una tarde.





Después al salir encontramos un museo sobre la Guerra de Vietnam, donde pudimos ver un montón de vehículos americanos incautados por las tropas comunistas de Vietnam a medida que sus tropas avanzaban victoriosas hacía el sur. Es impresionante la cantidad de material, tanto de armamento como de vehículos y otros tipos de soportes logísticos que los vietnamitas conservan de los americanos. Todo ese material tiene que estar valorado en miles de millones de dólares. ¡Recordar los charlies ganaron la guerra y estás en su territorio!

Al día siguiente ya con nuestro chofer particular, fuimos a visitar las Tumba de los emperadores Vietnam. Cabe decir que visitamos tres tumbas diferentes, cada tumba es un recinto enorme y están bastante separadas la una de la otra, lo mejor es hacerlo en coche si puedes porque te ahorrarás un montón de tiempo. Como digo cada tumba es un mundo particular, rodeada por unos enormes templos y jardines un tanto decrépitos que le otorgan un toque romántico al más puro siglo XIX. Es una delicia moverte por estos lugares en soledad descubriendo cada camino que te encuentras, puedes dedicarle toda la mañana a estas tumbas reales.

Ese día visitamos las tumbas de Rey Minh Mang, la pagoda de Thien Mu, Tumba de Khai Dinh, Tumba de Tu Duc, las Montañas de Mármol de Danang y acabamos en Hoi An donde pasaríamos un par de días. También de camino hicimos parada en en las montañas llenas de nubes que separaban Hue y Hoi An. Estas montañas como ya he dicho son un lugar precioso para recorrer en moto o en coche y allí pude encontrar bunkers rodeados de niebla de la Guerra de Vietnam, ya que la zona fue una zona de combate real entre americanos y vietnamitas.

Las Montañas de Mármol como su propio nombre indica son un conjunto de montañas que contienen un sinfín de templos budistas de diferentes tamaños. Puedes pasar toda una tarde allá, hay algunas cuevas que al entrar te sientes diminuto a los pies de un gran Buda de piedra. Aquí os dejamos alguna selección de fotos de aquél día.

Una vez acabado el día llegamos a Hoi An por la tarde poco antes de anochecer. Hoi An no es una localización cualquiera, no sería atrevido decir que es la población más bonita que hemos podido visitar de toda Asía. Este pueblo fue una colonia japonesa y tiene parte de su influencia en la arquitectura como su famoso puente japonés. El pueblo que antaño se dedicaba al comercio con los japoneses, hoy en día está enfocado al turismo, pero cabe decir que no ha perdido su encanto en absoluto sino todo lo contrario es un turismo bien llevado, asumible e incluso que embellece la población.

Al caer la noche si te aproximas al río Thu, podrás ver las barcas vietnamitas navegar y a un montón de personas poniendo una especie de linternas tradicionales en el río Thu formando un mar de estrellas. La población de noche se llena de luces y transeúntes que compran, comen o simplemente pasean al rededor del poblado. Quedé impresionado por la belleza del lugar parecía el típico lugar de ensueño que aparece en las películas con un decorado de cartón piedra pero este era real, una auténtica joya asiática que merece ser visitada sin lugar a dudas. De hecho de todo el viaje lo que más nos gustó fue Halong Bay, Angkor y esta pequeña población llamada Hoi An.

Al día siguiente fuimos a una playa de una de las poblaciones cercanas, puedes ir en bici o directamente pillar un taxi como prefieras. Encontraras playas paradisiacas completamente vacías que puedes disfrutar tranquilamente sin ningún agobio.

Al volver, descubrimos en la población de Hoi An un italiano que preparaba las mejores pizzas que hemos probado nunca. Lo regentaba un italiano y no recuerdo su nombre pero no es difícil de encontrar era el único que había en el pueblo en 2014, no sé ahora. No somos de comer comida extranjera cuando viajamos, y menos en Asia, pero ese día nos apetecía una pizza y acertamos de lleno. Además para cenar pedí un vino de Sudáfrica que sería la antesala de mi amor por el país africano, había escuchado durante mis clases de Historia de África en la universidad que el vino de Sudáfrica era de primera categoría y ese día descubrí que estaba en lo cierto. Hoi An tiene muchos templos pequeñitos, comercios, avenidas, el puente japonés y el paseo del río Thu. Es un lugar donde perderse sin prisas y simplemente disfrutar. Las fotos aunque creo que son bonitas no le hacen justicia. Puedes moverte por la población andando tranquilamente y recuerda, visita cada pequeña callejuela que puedas porque siempre encontrarás alguna que otra agradable sorpresa.

Al día siguiente tomamos el vuelo que nos llevaría a nuestro último destino en Vietnam, la ciudad de Saigón, la capital del Vietnam del Sur cuya caída supuso el final de la Guerra.


 

 

 

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