Highlands y Lago Ness, Escocia

Si hay un lugar de Escocia que representa todo aquello que imaginamos cuando pensamos en las Highlands es, sin duda, el Lago Ness. Montañas cubiertas de un verde imposible, castillos en ruinas, carreteras que parecen sacadas de una película y la eterna promesa de que, quizá, tras la siguiente curva aparezca la silueta del monstruo más famoso del mundo. Nuestra visita formó parte de una excursión organizada en coche desde Edimburgo y, aunque el Lago Ness era el gran protagonista del día, el viaje hasta allí fue casi tan espectacular como el destino.

Desde la ciudad de Edimburgo se puede contratar una visita a las Highlands parando por ciertas localizaciones que ahora describiremos o ir directamente por tu cuenta en el caso que tengas vehículo propio. Las excursiones suelen rondar los 100 euros al cambio y van a ocuparte todo el día, dada la enorme distancia que se recorre para llegar al lago Ness.

Las Highlands son una de las regiones más salvajes y menos pobladas de Europa. Durante siglos fueron el hogar de los clanes escoceses y escenario de algunas de las páginas más apasionantes y trágicas de la historia del país. Recorrerlas permite entender por qué los escoceses sienten un orgullo tan especial por esta tierra. Aquí el paisaje lo domina todo.

La carretera hacia el norte es una sucesión de montañas, bosques y paisajes que parecen sacados de una película. Nuestra primera parada fue en una granja de las Highlands donde pudimos conocer a las famosas vacas peludas escocesas, las Highland Cattle. Con su característico flequillo y sus enormes cuernos, se han convertido en uno de los símbolos del país. Originarias de las Highlands y perfectamente adaptadas al duro clima escocés, estas simpáticas vacas son una parada casi obligatoria en muchas excursiones y una excelente forma de comenzar la jornada.

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Tras varias horas de viaje llegamos finalmente al Lago Ness, justo a la hora del almuerzo. Confieso que una de las cosas que más me sorprendió fue su tamaño. Acostumbrados a verlo en fotografías, cuesta hacerse una idea de sus dimensiones reales. El Lago Ness tiene más de 37 kilómetros de longitud y alcanza profundidades superiores a los 230 metros, lo que lo convierte en el lago con mayor volumen de agua dulce del Reino Unido. Su color oscuro tampoco es casualidad: las aguas están cargadas de turba procedente de los terrenos que lo rodean, lo que limita enormemente la visibilidad y alimenta, desde hace siglos, las historias sobre criaturas misteriosas que habitan en sus profundidades.

Y sí, es imposible hablar del Lago Ness sin mencionar a Nessie. La leyenda moderna comenzó en 1933, cuando varios periódicos publicaron los supuestos avistamientos de un extraño animal emergiendo de sus aguas. Desde entonces se han realizado expediciones científicas, fotografías que dieron la vuelta al mundo e incluso investigaciones con sonar y drones submarinos. La conclusión científica es bastante clara: no existe ninguna prueba concluyente de que el monstruo habite el lago. Pero, sinceramente, eso es lo de menos. Nessie forma ya parte del alma de Escocia y convierte la visita en una experiencia mucho más divertida.

Después de comer, decidimos contratar una excursión en barco para recorrer el lago. Si vais a visitarlo, es una actividad que recomiendo sin ninguna duda. Contemplar las Highlands desde el agua ofrece una perspectiva completamente distinta del paisaje. Las colinas parecen aún más imponentes y el inmenso lago transmite una sensación de calma difícil de describir. Durante el trayecto es habitual que expliquen algunos datos históricos sobre la zona y, por supuesto, las numerosas teorías relacionadas con el monstruo.

El precio del paseo en barco ronda las 20-25 libras esterlinas por adulto, dependiendo de la compañía y de la duración de la excursión. Existen opciones que incluyen la visita a las ruinas del castillo de Urquhart o recorridos más largos, aunque para una primera visita el paseo básico es más que suficiente para disfrutar del lago y comprender la magnitud del lugar.

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Nuestra siguiente parada fue Inverness, considerada la capital de las Highlands. Allí tuvimos algo de tiempo libre para recorrer el centro histórico por nuestra cuenta, pasear junto al río Ness y disfrutar del ambiente tranquilo que se respira en la ciudad. Aunque no es especialmente grande, merece la pena dedicarle un rato y perderse por sus calles antes de continuar el viaje.

La última parada del día fue Pitlochry, probablemente uno de los pueblos más bonitos de Escocia. Sus elegantes casas de piedra, las pequeñas tiendas locales y el encanto de sus calles lo convierten en el lugar perfecto para despedirse de las Highlands. Es uno de esos rincones que invitan a volver con más tiempo y que resumen a la perfección la esencia de la Escocia más tradicional. Allí conocimos a un simpático gato escocés que a cambio de algo de comida nos hizo compañía y se dejó acariciar.

Las Highlands y el Lago Ness son una de esas visitas que no decepcionan. Incluso si Nessie decide esconderse el día de vuestra llegada, el paisaje, la historia y la atmósfera del lugar justifican por sí solos el viaje. Escocia tiene muchos rincones imprescindibles, pero pocos consiguen combinar naturaleza, leyenda y aventura de una forma tan perfecta como esta pequeña joya del norte del país. Si disponéis de un día durante vuestra estancia en Edimburgo, una excursión a las Highlands y al Lago Ness es, sencillamente, imprescindible.

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Esta es la calle principal del encantador pueblo de Pitlochry
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Calle principal de Inverness
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Las impresionantes Highlands, tierra de clanes, despiertan la fantasía de todos aquellos viajeros que quieran conocer Escocia
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Las horas de viaje son compensadas por la belleza que uno puede contemplar a su paso

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