Estocolmo, Suecia

La capital de Suecia ofrece una amplia oferta de visitas y actividades convirtiéndose de este modo en una de las ciudades nórdicas más interesantes. Viajar en fechas navideñas es toda una garantía de vivir el auténtico espíritu de la Navidad. Estocolmo es una ciudad elegante, ordenada y sorprendentemente acogedora, incluso en los meses más fríos del año. Construida sobre catorce islas y rodeada de agua por todas partes, combina historia, diseño y naturaleza con una facilidad que la hace perfecta para una escapada urbana.

¿Cómo llegar a Estocolmo? ¿Cuántos días se necesitan?

Llegamos a Estocolmo en avión desde Barcelona, con un vuelo directo de unas tres horas y media, una duración muy cómoda para un viaje al norte de Europa.

El aeropuerto principal es Estocolmo-Arlanda, situado a unos 40 kilómetros del centro. Para llegar a la ciudad utilizamos el tren rápido Arlanda Express, una de las formas más eficaces y sencillas de traslado. Se tarda unos 20 minutos en llegar al centro y es la opción más recomendable.

Aunque existen opciones más económicas como autobuses o trenes regionales, si valoras el tiempo y la comodidad, el tren rápido es una excelente elección, especialmente tras un vuelo.

Para una primera visita, entre 3 y 4 días completos son suficientes para conocer bien Estocolmo sin prisas. En nuestro caso, al estar alojados en el centro, pudimos aprovechar muy bien las jornadas, incluso teniendo en cuenta que en invierno anochece muy pronto, alrededor de las 16:00 h. Aun así, la ciudad mantiene un encanto especial cuando cae la noche, sobre todo en época navideña.

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El popular rey Gustavo II Adolfo preside la plaza que da al Parlamento y al Palacio Real

¿Cómo moverse por Estocolmo?

Una de las grandes ventajas de Estocolmo es que se puede recorrer perfectamente a pie, especialmente si te alojas en zonas céntricas como Gamla Stan, Norrmalm o Södermalm.

El transporte público funciona muy bien (metro, tranvía, autobuses y ferris), pero para una estancia corta y céntrica, no es imprescindible. Eso sí, conviene ir bien abrigado en invierno: hace frío, aunque en nuestro viaje no llegó a nevar. Vale la pena pasarse por algunas estaciones de metro porque son una atracción en sí mismas.

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Esta estación es impresionante

¿Qué ver en Estocolmo?

Estocolmo es una ciudad que se disfruta sin necesidad de ir encadenando visitas. Gran parte de su encanto está en caminar sin rumbo fijo, cruzar puentes, bordear el agua y dejarse llevar por sus barrios. El centro histórico, Gamla Stan, fue uno de los lugares donde más tiempo pasamos. Sus calles adoquinadas, las fachadas de colores y las pequeñas plazas hacen que el paseo sea constante y agradable, más aún en época navideña, cuando los escaparates y la iluminación crean un ambiente muy especial pese a que anochece pronto.

Desde Gamla Stan es fácil llegar caminando a zonas como Norrmalm, donde se concentran muchas de las calles comerciales, y también a Södermalm, un barrio con un aire más alternativo, lleno de cafeterías y miradores desde los que se obtienen buenas vistas de la ciudad. Precisamente, uno de los grandes atractivos de Estocolmo es su relación con el agua: en muchos momentos no sabes si estás en una ciudad o en una serie de pequeñas islas unidas entre sí.

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El mercado navideño es uno de los sitios más característicos de esta zona por estas fechas

El primer día, hicimos un free tour que siempre sirve para tomar contacto con la ciudad. Un chico de Sevilla que lleva viviendo unos meses en la capital sueca nos puso al día de las principales atracciones de la ciudad, así como su historia y las costumbres locales. Nos sorprendió saber que los alquileres son bastante baratos en Estocolmo, 500 euros al mes con gastos como el wifi incluido en el alquiler.

Entre las visitas culturales, el Museo ABBA fue una de las experiencias más divertidas del viaje. Es un museo muy interactivo, pensado para participar, cantar, bailar y entender por qué el grupo forma parte de la identidad cultural sueca. Aunque no seas especialmente fan, la visita resulta entretenida y diferente a otros museos más clásicos. Si vas con la pareja y amigos te lo vas a pasar en grande. Para nosotros fue muy divertido, no dejamos de reír y además, tuvimos hasta fans en la parte que hay un escenario y sales a cantar. Vamos que fuimos un show para los propios visitantes. Los vídeos me los reservo hehehe.

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Martita entró dispuesta a darlo todo y no decepcionó

Muy cerca se encuentra el Museo Vasa, que nos impresionó mucho. Ver un barco de guerra del siglo XVII prácticamente intacto, rescatado del fondo del mar tras siglos hundido, es algo que impacta desde el primer momento. El tamaño del navío y su historia convierten la visita en una de las más memorables de Estocolmo.

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¿Qué os parece? No hace falta añadir mucho más.

Aunque nosotros no visitamos más museos, la ciudad ofrece muchas otras opciones interesantes, como el Ayuntamiento de Estocolmo, donde se celebra el banquete de los premios Nobel, o el Palacio Real, uno de los más grandes de Europa y todavía residencia oficial de la familia real sueca. Incluso sin entrar, el simple hecho de rodearlos y observar su arquitectura ya merece la pena.

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Vale la pena dejarse caer por el Ayuntamiento, además tiene unas vistas al puerto increíbles

También recomendamos reservar tiempo para pasear sin un objetivo concreto, perderse entre calles decoradas para la Navidad, entrar en alguna cafetería a resguardarse del frío y observar el ritmo tranquilo de la ciudad. Estocolmo no es una ciudad que exija correr de un sitio a otro, sino un lugar para disfrutar despacio, incluso cuando el frío aprieta y la noche cae temprano.

La gastronomía local de Estocolmo combina tradición nórdica y sabores sencillos, pero muy cuidados. Se basa mucho en productos de temporada, pescados, carnes y recetas caseras que reconfortan, especialmente en los meses fríos.

Durante el viaje nos llamaron especialmente la atención los dulces locales, muy presentes en cafeterías y pastelerías. Probamos varios clásicos suecos como los kanelbullar (bollos de canela), los cardamombullar (bollos de cardamomo) y algunos mazariner, pequeños pastelitos de almendra. Todos perfectos para acompañar un café y entender por qué el fika es casi una institución nacional.

En cuanto a platos salados, no puede faltar una mención a las köttbullar, las famosas albóndigas suecas. Las probamos hechas con carne de vaca, servidas con un puré de patatas cremoso y espectacular, acompañadas de su salsa y, en muchos casos, un toque de mermelada de arándanos. Un plato sencillo, pero realmente delicioso y muy representativo de la cocina sueca.

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Para acabar mencionaros que en Estocolmo también existe una tarjeta turística conjunta que merece la pena si tienes pensado entrar a muchos museos y atracciones. Se trata de un pase por días que incluye la entrada a los principales lugares de interés y el uso de los autobuses y barcos turísticos, lo que facilita mucho moverse por la ciudad.

No es imprescindible si solo vas a pasear o visitar uno o dos sitios, pero si el plan es intenso y con muchas visitas por dentro, suele salir a cuenta, ya que las entradas en Suecia no son precisamente baratas. Además, te ahorra tiempo y simplifica bastante la organización del viaje.

¡Bueno tejeruteros, gracias por llegar hasta aquí, nos despedimos del país de Ikea, no sin antes dejaros como siempre una pequeña selección de fotos y hasta la próxima aventura!

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Entrada al Palacio Real
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Justo al lado de la pista de hielo, una coral cantaba villancicos, realmente fue impresionante
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Si no sabes patinar, no pasa nada, cae y deja que se rían tus amigos de tu torpeza
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Los papa y mama noeles entrenan para poder llevar acabo la operación Navidad como cada año
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El encantador ambiente navideño es presente por toda la ciudad
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¿Os hace una sauna?

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