Hablaros una capital tan importante como París se nos antoja un tanto difícil, porque muchos de vosotros, lectores, probablemente la habéis visitado. Esta macro ciudad, ofrece un sinfín de propuestas, por lo tanto, se recomiendo encarecidamente ir en más de ocasión e intentar probar experiencias nuevas. En esta entrada hablaremos de nuestra reciente visita, pero también añadiremos cosas de la visita anterior.
¿Cómo llegar a París? ¿Cómo moverse?
Llegar a París por el Aeropuerto de París-Orly tiene algo de ventaja secreta: menos caos que Charles de Gaulle y una entrada bastante directa a la ciudad si sabes cómo moverte. Nada más aterrizar, nuestro objetivo fue evitar complicaciones y ganar tiempo, así que optamos por enlazar con la Línea 14 del Metro de París, una de las más modernas y rápidas de la red. Automática, silenciosa y eficiente, nos llevó hacia el centro sin transbordos interminables ni esperas innecesarias, algo que se agradece especialmente cuando llegas con equipaje y ganas de empezar el viaje.
Para movernos por la ciudad durante los días siguientes, decidimos apostar por la Navigo semanal, que sigue siendo una de las mejores decisiones prácticas que se pueden tomar en París. Por unos 32 euros (abril 2026) permite usar de forma ilimitada metro, RER, autobuses y tranvías en todas las zonas, incluyendo los trayectos desde y hacia el aeropuerto. Conviene tener en cuenta que funciona de lunes a domingo, así que hay que ajustar un poco las fechas para sacarle el máximo partido.
Esta vez, además, prescindimos de la tarjeta física y la llevamos directamente en el móvil. A través de la app oficial de transporte, con el NFC activado, se puede comprar y validar el pase sin necesidad de pasar por máquinas o taquillas. Es un pequeño detalle que simplifica mucho la experiencia y evita colas innecesarias.
¿Dónde alojarse?
Elegir dónde alojarse en París no es un detalle menor: la ciudad es grande, está llena de barrios con personalidad propia y moverse constantemente de un lado a otro puede acabar restando tiempo al viaje. Por eso, nuestra recomendación es clara: apostar por zonas céntricas, bien conectadas y que permitan recorrer buena parte de la ciudad a pie.
En nuestro caso, nos alojamos en el barrio de Le Marais, concretamente en el distrito 3, y fue un acierto total. Es una de esas zonas que combinan historia, elegancia y vida local sin resultar abrumadoras. Pasear por sus calles es encontrarse con fachadas antiguas, pequeñas boutiques, galerías y cafés con encanto, pero también con una atmósfera muy auténtica.
Además, su ubicación es especialmente cómoda: desde aquí puedes llegar caminando a muchos de los puntos más emblemáticos de la ciudad, como Catedral de Notre Dame, el río Sena o incluso el entorno del Louvre, sin necesidad de depender constantemente del transporte público. Y cuando lo necesitas, está perfectamente conectado por metro.
Otro punto a favor es el ambiente. El Marais tiene vida a cualquier hora, pero sin el ruido excesivo de otras zonas más turísticas. Es un barrio seguro, agradable para volver por la noche y con una oferta gastronómica muy variada. Nuestro alojamiento consistía en un pequeño cómodo apartamento. Los alojamientos/hoteles en París suelen estar muy cotizados y se pagan a precio de oro. Recuerda hacer tu reserva con meses de antelación para poder elegir la mejor opción.
En una ciudad como París, donde cada desplazamiento suma, alojarse en una zona céntrica como esta marca la diferencia. Te permite improvisar, perderte sin prisas y sentir que la ciudad queda más cerca, más accesible, casi como si fuera tuya durante unos días.
¿Es tan caro comer en París? ¿Qué hacer?
No os vamos a engañar, sí, es caro comer en París. La gastronomía en París puede ser muy interesante, aunque en nuestro caso no fue una prioridad. Los precios, en general, nos parecieron bastante elevados para lo que ofrecen muchos sitios, algo que probablemente otros viajeros también perciban. Por eso, optamos por una opción más práctica: los restaurantes asiáticos, que suelen ser una apuesta segura y de calidad. También hay muchos locales de comida musulmana, muy recomendables los falabeles libaneses.
Descubrimos el restaurante Happy Noodles en el barrio del Marais y fue todo un acierto. Comida auténtica, sabrosa y a mejor precio que la media, hasta el punto de que repetimos. Entre horas, también recurrimos a los crepes, tanto salados como dulces, que son una solución rápida y bastante típica.
Para desayunar, lo clásico: croissant o pan con chocolate y café en alguna boulangerie cercana. Simple, económico y muy parisino.
Para quien quiera probar cocina francesa, siempre hay opciones como un entrecot con patatas, confit de pato o sopa de cebolla en algún bistró, además de una buena baguette o quesos locales.
En nuestro caso, preferimos no centrar el viaje en la comida y adaptarnos sobre la marcha. París ofrece mucho, pero disfrutarla no tiene por qué pasar necesariamente por gastar mucho en restaurantes.
¿Cuántos días dedicar? ¿Qué ver en París?
Lo primero que te vamos a comentar es que cada viajero es diferente y tiene sus preferencias. Para algunos ir a París quiere decir visitar el parque temático de Disneyland. Para otros, ir a París quiere decir visitar decenas de museos y galerías de arte. Para otros, ir de un restaurante a otro. Otros realizan una visita exprés de unos días simplemente paseando por la Torre Eiffel y sus alrededores. Nosotros presentamos nuestra propuesta, pero abierta a cualquier tipo de cambios según vuestras predilecciones. Aquí hemos sumado algunas experiencias de la primera vez que visité París. Lo digo porque como mínimo yo dedicaría unos cinco o seis días completos si quieres hacer todo lo que expongo aquí.

Arco de Triunfo: uno de los grandes símbolos de la ciudad. La experiencia de subir no nos pareció imprescindible, pero sí merece la pena verlo desde el exterior y situarse en su base para entender la magnitud del lugar. Está al final de los Campos Elíseos, así que ambos se visitan de forma natural en el mismo paseo, caminando desde la plaza de la Concordia hasta este punto.
Campos Elíseos: una de las avenidas más famosas del mundo, ideal para recorrer tranquilamente, con tiendas, cafés y una conexión directa hacia el Arco de Triunfo. Es un paseo amplio, perfecto para combinar con otras visitas cercanas.
Torre Eiffel: el icono absoluto de París. Se puede admirar desde distintos puntos de la ciudad, pero también acercarse para verla de cerca o subir. Está relativamente cerca de zonas como el río Sena y se puede combinar con paseos por sus alrededores. Subir no se nos antoja imprescindible, si lo haces, procura abrigarte porque arriba puede llegar a hacer batante frío. Las mejores vistas están en la segunda planta. También es muy recomendable hacer un paseo en barco por el río Sena. Nosotros tomamos el barco a los pies de la misma torre.
Iglesia de la Madeleine: un templo imponente de estilo neoclásico, muy diferente a las típicas iglesias góticas de París. Se encuentra a pocos minutos de los Campos Elíseos, por lo que es fácil incluirla en la misma ruta. Nos sorprendió gratamente su visita, porque no la esperábamos tan espectacular. De hecho, nos gusta más que la propia Notre-Dame. La visita es gratuita.
Notre-Dame: una de las catedrales más emblemáticas de Europa. Situada en la Île de la Cité, está muy cerca de Sainte-Chapelle, por lo que ambas visitas se pueden hacer seguidas. La visita es gratuita, se recomienda reservar por la web con antelación.
Sainte-Chapelle: famosa por sus espectaculares vidrieras, es una visita breve pero muy impactante. Su cercanía a Notre-Dame hace que sean una combinación perfecta. Esta visita se debe reservar con bastante antelación o te quedarás fuera. La entrada son unos 13 euros.
Museo de Orsay: ubicado en una antigua estación de tren, destaca por su colección de arte impresionista. Es un museo enorme, así que pasa un poco como en el Louvre, necesitas una mañana y tómatelo con calma, porque todo no lo vas a poder ver. El Museo de Orsay es, ante todo, el gran templo del arte del siglo XIX y principios del XX, con un enfoque muy claro en el impresionismo y el postimpresionismo. También hay algo de realismo y movimientos previos, pero su alma está en ese salto hacia la luz, el color y la vida cotidiana.
En sus salas encontrarás obras de artistas clave como Claude Monet, con sus famosas series de luz y agua; Edgar Degas o Pierre-Auguste Renoir, con su visión cálida y luminosa de la sociedad parisina. De hecho habían dos esposiciones temporales dedicadas a Renoir durante nuestra visita. Por otro lado, el museo introduce el postimpresionismo. Aquí aparecen nombres como Vincent van Gogh, Paul Cézanne, o Georges Seurat. También tienen algunas esculturas de Rodin, nos impresionó especialmente las puertas del infierno basadas en la obra de Dante Alighieri y su Divina Comedia. La entrada son unos 13 euros.
Museo del Louvre: uno de los museos más importantes del mundo. Su tamaño hace que sea recomendable planificar bien la visita, ya que puede llevar varias horas. Hay mucho más que la famosa Gioconda rodeada de turistas haciendo fotos en una especie de fast food turístico. ¡Huid de ahí insensat@s! 🙂 Especialmente recomendable son las pinturas de Delacroix, Monet y Jacques-Louis David. La entrada son unos 22 euros.
Cementerio de Père-Lachaise: un lugar muy diferente al resto de visitas. Aquí se encuentran tumbas de figuras como Jim Morrison (para los amantes del rock), Oscar Wilde, Chopin o Champollion… Es perfecto para quienes buscan un plan más tranquilo y cultural. Algunas tumbas son auténticas obras de arte al aire libre. No está en la zona central, pero merece la pena desplazarse. Seguramente es uno de los cementerios más famosos y visitados del mundo.
Plaza de la Bastilla: símbolo histórico de la Revolución Francesa. Se puede combinar con un paseo por el barrio de Le Marais, que está muy cerca. Hay muchos bares y restaurantes apetecibles por la zona. Es fácilmente combinable si vas a Père-Lachaise, ya que está relativamente cerca.
Barrio de Le Marais: uno de los más bonitos y con más ambiente de París. Calles con encanto, tiendas y una gran oferta gastronómica. Ideal para pasear sin rumbo y disfrutar del ambiente. Nosotros nos alojamos en este maravilloso barrio, tiene una vida nocturna muy interesante, déjate caer a cualquier hora y disfruta de su ambiente relajado.
Plaza des Vosges: situada en el corazón del Marais, es una de las plazas más elegantes y antiguas de París. Su arquitectura uniforme y sus jardines la convierten en un lugar perfecto para hacer una pausa durante la visita al barrio, ya que está a pocos minutos de muchas de sus calles principales. Se encuentra en el mismo barrio de Marais.
Barrio de Montmartre y Sacré-Cœur: uno de los rincones más especiales de la ciudad. Subir hasta la basílica de Sacré-Cœur ofrece unas vistas espectaculares. Es una zona muy distinta al centro, con un aire artístico y bohemio. La entrada a la iglesia es gratuita y no requiere reserva previa. Encuentro que esta iglesia es mucho más bonita por fuera que por dentro.
Panteón: la visita es un poco cara, unos 16 euros, pero es uno de los lugares que realmente merece la pena visitar por dentro. Alberga las tumbas de figuras históricas francesas y su interior es impresionante. Se encuentra cerca del Barrio Latino, por lo que se puede combinar con un paseo por esa zona. Personalidades como Jean-Jacques Rousseau, Voltaire, Marie Curie, Victor Hugo, Alexandre Dumas descansan en su enorme cripta.
Versalles: una excursión imprescindible fuera de París. El que fuera el palacio de Luís XIV y sus jardines son espectaculares, pero hay que dedicarle al menos medio día o un día completo. La entrada al Palacio de Versalles cuesta aproximadamente 21 € para el palacio y unos 32 € si incluyes jardines y Trianones.
Para llegar desde París, la opción más fácil es tomar el RER C y bajar en Versailles Château – Rive Gauche. El trayecto dura unos 35–40 minutos desde el centro. También puedes usar tu pase Navigo si lo tienes, ya que cubre este recorrido. Esta obra es la muestra total del poder absoluto que ostentaron algunos monarcas franceses, y también, del exceso que llevó a la monarquía gala a su caída.
Disneyland París: una experiencia diferente dentro del viaje. Aunque es muy entretenido, especialmente para familias, está más orientado a un público infantil. Si buscas atracciones muy intensas, quizá no sea el parque más adecuado, pero como experiencia sigue siendo una visita interesante. La entrada a Disneyland París suele costar entre 60 € y 100 € por día, dependiendo de la fecha y si eliges uno o dos parques.Para llegar, lo más fácil es tomar el tren RER A hasta la estación Marne-la-Vallée – Chessy, justo a la entrada del parque. El trayecto dura unos 35–40 minutos desde el centro de París.
También puedes usar la tarjeta Navigo, ya que cubre este desplazamiento.
En conjunto, París permite organizar muy bien las visitas por zonas, lo que facilita combinar varios puntos en un mismo día sin perder tiempo en desplazamientos. Estudia bien el mapa de la ciudad de la luz si quieres ahorrar tiempo. Como siempre, hay mucho más que ver en París pero aquí tienes nuestra selección. Es bueno que viajes sin una ruta fija y cerrada, disfrutar del viaje quiere decir perderte, descubrir lugares que no esperabas, y por supuesto, seleccionar según tu propio criterio.
¡Si has llegado hasta aquí te recompensamos con una selección de fotos par acabar, espero que te guste, muchas gracias lectores!

















