La capital de Países Bajos es una de las ciudades más abiertas y apasionantes de Europa y prácticamente de todo el mundo. Una urbe que ofrece un amplio abanico de atracciones interesantes tales como museos, cultura, parques, actividades al aire libre y ocio. En nuestro viaje más reciente volvimos a confirmar por qué siempre apetece regresar.
¿Cómo llegar? ¿Cómo moverse?
Nosotros llegamos en avión, una opción muy cómoda porque el aeropuerto de Schiphol está perfectamente integrado en la red de transporte del país. Nada más salir de la terminal se accede a la estación de tren, desde donde parten convoyes directos al centro de la ciudad. En apenas quince o veinte minutos estás en la Estación Central, sin complicaciones, sin necesidad de taxis y con trenes que pasan constantemente. Es un primer contacto muy positivo con una ciudad que funciona de manera ordenada y eficiente desde el primer momento.
Moverse por la ciudad es realmente fácil. Al tratarse de una ciudad relativamente pequeña los diferentes puntos de interés puedes visitarlos perfectamente a pie. No hay mucha distancia entre ellos. Aún así hay tranvía por toda la ciudad y para aquellos que quieran practicar la bicicleta te encuentras en la capital de este vehículo de dos ruedas.
¿Cuántos días dedicar?
En este viaje estuvimos unos tres días, pero ya conocíamos Ámsterdam de una visita anterior, en la que pasamos alrededor de cinco días completos. Con esa experiencia, nuestra recomendación es clara: lo ideal es dedicarle unos cinco días. Es el tiempo justo para conocer la ciudad con calma, entrar en varios museos importantes y pasear sin la sensación de ir siempre corriendo.
Si cuentas con más días, Ámsterdam es además un excelente punto de partida para hacer excursiones a otros lugares cercanos, bien conectados en tren, lo que amplía mucho las posibilidades del viaje.
Nosotros nos quedamos con ganas de más días para poder hacer una excursión a Roterdam o a los molinos. Siempre quedan cosas por ver y ya tenemos excusa para volver en un futuro.
¿Qué ver en Ámsterdam?
Recorrer el centro histórico es, por sí solo, una experiencia. Lo mejor es caminar sin un rumbo demasiado marcado, cruzar puentes, seguir los canales y observar las fachadas estrechas y ligeramente inclinadas que parecen desafiar la gravedad. Ámsterdam se entiende paseándola, fijándose en los detalles y en su ritmo tranquilo, muy marcado por la bicicleta y la vida local.
En cuanto a museos, hay algunos imprescindibles. El Museo Van Gogh permite acercarse a la figura del pintor desde una perspectiva muy humana, recorriendo su evolución artística y personal a través de cartas y obras que ayudan a comprender mejor su compleja vida. Nos gustó mucho el museo, recomendamos pagar algo más para tener la audioguía ya que te permitirá descubrir los secretos detrás de las pinturas de algunos cuadros.
Cuando visitamos el museo tuvimos la oportunidad de visitar también una exposición temporal llamada Yellow, donde se habla de cómo utilizaba el amarillo Van Gogh como color de alegría y como otros artistas lo han utilizado a lo largo del tiempo en sus creaciones.
El Rijksmuseum, por su parte, es fundamental para entender la historia y el arte de los Países Bajos, con salas amplias y una colección que va mucho más allá de sus obras más famosas. Le puedes dedicar una mañana entera a este último museo. El Van Gogh te llevará mínimo unas dos horas.
Una visita que deja una huella especial es la Casa de Ana Frank. En este edificio permaneció escondida Ana Frank junto a su familia y otras personas durante más de dos años, tratando de sobrevivir a la persecución nazi. Allí escribió su diario, convertido con el tiempo en uno de los testimonios más conocidos del Holocausto.
La visita es sobria, respetuosa y conmovedora. Se recorren las estancias del escondite, el anexo oculto tras la estantería, y se comprende hasta qué punto la vida cotidiana estaba marcada por el silencio, el miedo y la espera. A día de hoy, sigue sin saberse con certeza quién los delató. Existen teorías, investigaciones y sospechas, pero ninguna prueba definitiva. Ese vacío añade todavía más peso a la historia y recuerda que, en muchos casos, la verdad completa se perdió junto a las víctimas. Es una visita que invita a la reflexión.
Ana escribió durante su encierro dos diarios. La versión A y la B. En 1944, tras escuchar por la radio que se recopilarían testimonios de la guerra, Ana empezó a reescribir y corregir su propio diario, cambiando nombres, mejorando el estilo y suprimiendo algunos pasajes. Esta versión denominada B también es auténtica, porque la hizo ella misma.
Una cosa muy interesante es que posteriomente el padre modificó los escritos de Ana para hacer la primera publicación del diario. Una mezcla entra el diario A y B. En los escritos originales Ana como cualquier adolescente criticaba aspectos de su familia o de la sociedad y exploraba su sexualidad. El padre eliminó deliberadamente pasajes enteros buscando mostrar una imagen idealizada de Ana. Después de la muerte del padre (Otto Frank) se publicó a principios de los 90 los diarios A y B originales sin tapujos tal y como los escribió Ana Frank.
Otra forma muy recomendable de conocer la ciudad es hacer un paseo en barco por los canales. Desde el agua se obtiene una perspectiva distinta de Ámsterdam, más pausada, que ayuda a entender su trazado urbano y la importancia que el agua ha tenido en su desarrollo. Además, es una buena manera de descansar un poco después de varias horas caminando.
Por último, es imposible no mencionar algunos aspectos más conocidos de la ciudad. El Barrio Rojo de Ámsterdam se encuentra en pleno centro y forma parte del recorrido habitual. La prostitución es legal y está regulada, algo que convive con la vida diaria de la ciudad. Lo mismo ocurre con los coffee shops, donde la marihuana es legal bajo ciertas condiciones. Nosotros no participamos en este tipo de actividades, pero es importante saber que existen y que forman parte del marco legal y cultural del país, algo que el viajero se encuentra de manera natural al pasear por Ámsterdam.
Más allá de los museos, Ámsterdam también invita a disfrutar de sus espacios abiertos. El Vondelpark es el parque más conocido de la ciudad y un lugar perfecto para hacer una pausa. Locales y visitantes se mezclan caminando, en bicicleta o simplemente sentados en el césped. Es un buen ejemplo del estilo de vida relajado de la ciudad y un excelente lugar para descansar entre visitas culturales.
Otro edificio que merece una parada es la Basílica de San Nicolás, situada muy cerca de la Estación Central. Su interior sorprende por su riqueza decorativa y por el contraste con el entorno urbano que la rodea. También destaca la Oude Kerk, la iglesia más antigua de la ciudad, ubicada en pleno centro histórico. Su sobriedad y su historia la convierten en un lugar especialmente interesante.
Ámsterdam es una ciudad abierta, con una historia compleja y una forma muy particular de entender la convivencia. Dedicándole el tiempo suficiente, se convierte en un destino que no solo se visita, sino que se comprende y se recuerda.
Gracias viajeros/as por llegar hasta aquí y os dejamos muchas fotos para completar esta entrada en el blog.
















